BUENA CHICA
Todos saben que es una buena chica. Ella, con su dulce sonrisa, su voz pausada y su mirar dulce. Todos dicen que le quiere con locura. Que camina tras él sólo para ser guardiana de su paso. Que calla antes sus comentarios, porque nada es tan interesante como sus palabras. Que gasta su energía en contar los minutos que faltan para agarrar su mano y sentirse segura otra vez.
Ayer él la invitó a su casa. Con sus ojos de gato travieso le cantó al oído: “Para siempre”. Y un anillo de plata barata selló su unión. Y ella sonrió. Y él se imagino la vida tranquila a su lado, siempre a su lado. Perdonado al fin.
Ella luce su nueva silueta con orgullo. Su andar es más pesado y tiene ojeras. Pero como siempre, nunca se queja. Ni cuando él se tira en la cama y se da la vuelta sin darle un beso. Ni cuando las náuseas la atan al retrete y sólo tiene el consuelo de sus ronquidos lejanos. Ni, mucho menos, cuando la felicitan por su buena suerte, por ese marido tan cariñoso, que siempre coge su mano cuando caminan por la calle. Está ya tan cerca.
Y sigue teniendo cara de buena chica. Buena chica sí, pero no tonta.
Le robó todo. Esa casa pagada a base de horas extras y comidas escasas, los ahorros reservados con ilusión para un viaje que nunca llegó, cada hora con ese niño que nació con el pelo alborotado y las manitas inquietas. Cerró la puerta sonriendo. Y es que a veces no hace falta gritar para sellar la venganza.



