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DESDE DENTRO DE TAF. MARISOL MARIÑO




                              LA COLECCIÓN DE CARACOLAS

Cerré la puerta, y me negué a pensar cómo mis sueños se habían convertido en humo. Me alejé rápido. Todo había terminado. No ahora, hace mucho tiempo. Esto solo es la consecuencia de la vida que he sufrido. Uno se niega a ver la verdad que tiene delante, y sigue engañándose día tras día, pensando que se arreglará.

Me tiemblan las piernas. ¡He sido capaz de hacerlo! Meto la mano en el bolsillo del abrigo y acaricio el billete que me alejará de esta realidad.

Tardará en creer que “la simple, la inútil, la más estúpida de todas las criaturas, la que se moriría de asco si no fuera por él” ha sido capaz de conocer la combinación de su caja fuerte, y llevarse parte de “su  dinero”. No he querido coger todo, podría hacerlo, se lo merecía. He calculado el sueldo que habría pagado a una empleada durante tantos años. Eso es lo que considero mío. No es mucho, suficiente para empezar algo que pueda llamarse vida.

¿Qué cara pondrá cuando lea la nota en la que le digo la cantidad que he cogido, y le comunico que he sacado fotocopias de los documentos que guarda en la caja y que le comprometen muy seriamente? ¡No podrá creerlo! Esto si que puede ser una verdadera crisis para él y para algunos de sus amigos. Se quejaba sin motivos ¡ahora, sí debe preocuparse!

De lo que estoy más orgullosa  es de haber hecho añicos su maravillosa colección de caracolas. Trescientas  no sé cuantas piezas únicas, a las que cuidaba y quería  mucho más que a mi.


 



Marisol Mariño                        


DESDE DENTRO. MARISOL MARIÑO


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TENDIENDO PALABRAS

          Voy tendiendo palabras* con preguntas sencillas de difícil respuesta: ¿por qué lloran los ríos? ¿Por qué suenan las hojas? ¿Por qué las flores ríen? ¿En qué piensa la luna en su cuarto menguante? Y en la cima de todas las preguntas ¿por qué me faltas tú? ¿Qué ley es la que ordena? ¿Quién decide el destino?
         Quiero que me devuelvan mi alegría, mi sonrisa de ayer, mis ganas de vivir. Ser de nuevo feliz con un amanecer o una puesta de sol. Quiero que estén aquí los que nos están.
         Olvido, en mi loco deseo, que la vida no es lo que uno quiere. Que las cartas marcadas por la suerte, la baraja, una mano inocente que reparte sonrisas y lamentos igual que los pequeños tiran bolas de nieve, sin preocuparse... y juegan y se ríen y hacen un gran muñeco y le ponen bufanda para quitarle el frío y una hermosa nariz de zanahoria... y juegan y se ríen...
         ¿Son preguntas sencillas?


* María Moliner

DESDE DENTRO: MARISOL MARIÑO



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¡ASÍ ES LA VIDA!

    El chofer le abrió la puerta. Llevaba un vestido de flores sencillo, un discreto sombrero y la cara sin maquillaje.
   Fue caminando. Quiso que la dejara lejos del panteón. Deseaba estar sola. Siguiendo las instrucciones, encontró sin dificultad, la tumba que buscaba:
   “Ilustrísimo Don Jerónimo Saavedra y Madrigal, Marqués de la Quinta Almena”
   Lo leyó varias veces, pero seguía sin decirle nada, sin estremecerse al repetir aquel nombre, del que hasta hace unos meses ni siquiera había oído hablar. Desde entonces lleva días y días sin dejar de escucharlo, de repetirlo, de saber, según dicen, la importancia que tiene.
   Le han comunicado que ella es la hija del difunto e ilustrísimo señor. “Reconocida” con todos los honores en su testamento, al morir sin descendencia. “Dios no jugará a los dados con el universo, pero el destino echa las cartas como quiere”, pensó.
   Recuerda a su madre inclinada sobre la máquina de coser, trabajando horas y horas para pagar sus estudios. Nunca una queja, ni un reproche; tampoco una información sobre su pasado. De su padre le había contado poco: que no era español, que se fue para arreglar unos papeles y que no había regresado. Todo mentira. Eran tiempos difíciles. Ella no preguntó más. Con los años decidió que su vida no sería tan miserable como había sido su infancia. No eligió el camino más recto, pero disfrutaba de una existencia cómoda y pudo hacer frente, sin problemas, a la larga enfermedad de su madre.
   Sí ella viviese ¿qué opinaría del “buen comportamiento” que había tenido el marqués al final de sus días?
   De niña, sí deseo tener un padre, era lo que más envidiaba a sus amigas; también, disfrutar unas vacaciones en las playa y sobre todo, tener en Navidad y por su cumpleaños, regalos que no fuesen los zapatos o la chaqueta que necesitaba.
   Ahora ni siquiera el apellido le interesa. Un padre, entonces es lo que hubiera querido, no un título a estas alturas de su vida.
   Sigue allí, de píe, pensando la cantidad de preguntas que se han quedado sin respuestas.
   Si rechaza el apellido, le han informado, que no tendrá derecho a la herencia. El señor marques sigue poniendo condiciones, incluso, desde el más allá.
   Los abogados y albaceas del finado no dejan de insistir sobre la importancia y honor que debe representar para ella ostentar tan insigne título. Su comportamiento será  ejemplar y estará a la altura de la grandeza del mismo.
   Su mundo se ha vuelto del revés y ha tardado en tomar una decisión. Hoy, ya sabe lo que hará y ha venido a decírselo. Quiere que esté informado. Levanta la voz, casi le grita, como si pudiera escucharla:
        Es curioso que sin saber que existías durante tantos años, hoy haya venido hasta aquí para decirte: hola y adiós; también a confirmarte que sí, aceptaré tú apellido y la fortuna la dedicaré a...
   Otro cortejo fúnebre rompe el silencio por unos instantes, impidiendo oír su voz. Pasan. Avanzan. Se alejan.
   Cual crupier al terminar de repartir una ronda de cartas, se sacude las manos y termina dulcemente diciendo:
        ¡Así es la vida! Jerónimo, seré la primera Marquesa de la Quinta Almena que dirija un burdel, pero no te preocupes, como ya te he explicado, será un burdel de muy alta categoría.