Playa de Portocovo, en el Alentejo portugués. Esta maravilla es sólo una de las muchas calas que esconde el litoral luso, sus aguas son más frías que la mente de un asesino profesional, pero puedes encontrar en ellas desde estrellas de mar hasta erizos. Los percebes que adornan las rocas están buenísimos, puedo asegurarlo, aunque eso sí, está prohibido que el atracón exceda de kilo y medio si tú mismo los has desalojado de su hábitat. Otra opción es pedírtelos de ración en cualquiera de los restaurantes de la calle principal de Portocovo, donde, el que no fuma, siente deseos de echarse un cigarrito para rematar la buena comida. Resumiendo, vale la pena darse una vuelta por el país vecino.
Se me olvidaba, la cerveza también es extraordinaria, je, je...
Cruz


