NO SIEMPRE SOMOS VALIENTES
Inclinada, por el peso, no tanto de la bolsa de plástico y ese carro que arrastras con esfuerzo. Inclinada, por los años vividos, por la cuesta tan dura que supone seguir día tras día hacía adelante cuando ya la esperanza parece abandonarnos.
Inclinada te vi llegar al cruce y sentí tu soledad tan cerca que pensé en ir a socorrerte, en cogerte la bolsa, en ofrecerte el brazo para que te apoyarás, en decirte algo amable, en regalarte una mirada clara, una sonrisa franca, eso que no nos cuesta, y, sin embargo, no solemos hacer.
Corrieron hacía el cruce un montón de chavales, tuviste que pararte y dejarlos pasar. No oí lo que dijeron, aunque sus burlas llegaron hasta mí, se rieron y me sentí cobarde, y bajé la cabeza y seguí mi camino y no les dije nada y me olvidé de ti.



