CON NOMBRE PROPIO: ANDRÉS NEUMAN

 





TEORIA DE LAS CUERDAS

 

Vivo sentado en mi escritorio, frente a la ventana. Las vistas no son lo que se dice un paisaje alpino: patio estrecho, ladrillos sucios, persianas cerradas. Podría leer. Podría levantarme. Podría dar un paseo. Pero nada es comparable a esta generosa mediocridad que contiene el mundo entero.

Estos ladrillos míos son toda una universidad. Me dan, por empezar, lecciones de estética. La estética comunica la observación con la comprensión, el gusto individual con el sentido general. La estética vendría a ser, entonces, lo contrario de la descripción. Cuando uno sólo tiene un patio interior para llenarse los ojos, ese matiz se convierte en una cuestión de supervivencia.

O lecciones de semiótica. Hablar con los vecinos me dice menos de ellos que espiar su ropa tendida. He comprobado que las palabras que cruzamos con el prójimo son fuente de malentendidos, más que de conocimiento. En cambio su ropa es transparente (literalmente, en algunos casos). No puede malinterpretarse. Como mucho, se desaprueba. Pero esa desaprobación también es transparente: nos revela a nosotros.




Paso largos ratos contemplando las cuerdas. Parecen partituras. O cuadernos a rayas. El autor es cualquiera. Gente anónima. La casualidad. El viento.

Pienso por ejemplo en la vecina de abajo, a la izquierda. Una señora de cierta edad, o edad incierta, que convive con un hombre. Al principio imaginé que se trataba de un hijo corpulento, pero debe de ser su esposo. Es difícil que hoy un joven se ponga esas camisetas interiores blancas tan desprestigiadas en su generación, que no ha tenido ni un poquito de neorrealismo con que mitificar al proletariado. Mi vecina ha dejado flotando unas bombachas de proporciones bíblicas, y un sostén color carne que podría servir perfectamente como un gorro de baño (dos, para ser preciso). He ahí el misterio: su orondo marido usa breves slips elásticos. Algunos rojos, otros negros. Dudo que una señora de tan recatado gusto aliente a su esposo, en cambio, a arriesgar semejantes lencerías. A la inversa, parece improbable que un caballero con tanto atrevimiento debajo de los pantalones no le haya sugerido otros modelos a su cónyuge. Así que deduzco que, con esos slips, el señor complace (si complacer fuera la palabra) a una mujer mucho más joven que él. Su esposa, por supuesto, se encarga de lavarlos y colgarlos amorosamente.

Un par de pisos más arriba, al centro, hay otra cuerda que pertenece a una estudiante de costumbres bohemias, si se me permite la redundancia. Ella jamás se asoma a tender antes de las nueve o diez de la noche, cuando el patio ya está en penumbra. Lo cual me impide apreciarla con la nitidez con que observo sus prendas. Su repertorio incluye todo género de camisetas cortas, minúsculos conjuntos, tangas de fantasía y algún que otro liguero de estilo tradicional. Este último detalle me sugiere cierta afición a la filmoteca universitaria. Imagino a mi estudiante como una de esas personas osadas que, en el momento decisivo, son poseídas por el pudor, fruto quizá de sombrías horas de catequesis. Una de esas bellezas que se sienten mejor seduciendo que gozando. O no. Al contrario: ella podría ser uno de esos prodigios naturales que, incluso en los momentos de mayor desenfreno, son capaces de un gesto de elegancia. O no. En su justo medio: mi vecina pone límites a su propio descaro, posee un punto de autocontrol que la hace irresistible y a veces desesperante. Sobre todo para esa clase de hombres (concretamente, todos) que se dejan llevar por el vestuario y, con ejemplar simpleza, esperan encontrar a una mujer lasciva debajo de un vestido corto. Mi vecina, en el fondo, es un espíritu frágil. No hay más que reparar en esos calcetines de estampados infantiles con los que, me figuro, duerme cuando está sola: patitos, conejitos, ardillas. Odia el paternalismo tanto como el frío en los pies.

Un poco más abajo, tres ventanas a la derecha, una madre corrige la suciedad de sus retoños. Algunos de ellos, los delatan sus tallas, han dejado de ser niños. ¿Por qué los adolescentes se resisten a encargarse de su ropa? ¿Qué clase de vergüenza los separa de sus propios calzoncillos? El hijo mayor de mi vecina mancha una considerable cantidad semanal. ¿Dejará también copiosos rastros informáticos, esconderá revistas en lugares previsibles, se encerrará en el baño durante horas? ¿Sabrá que su madre lee sus calzoncillos? Qué derroche de energías. Lo mismo podría decirse del vecino de uno de los terceros, que se toma la molestia de alinear sus prendas por tamaños, tipos y colores. Jamás una camisa junto a una toalla de mano. Vive solo. No me extraña. ¿Cómo dormir con alguien incapaz de confiar en la hospitalidad del azar? Mi vecino maniático es, en definitiva, un maestro del disimulo.

Con el paso de los años frente a la ventana, he aprendido que no conviene abusar de los cambios en la observación. Se averigua más concentrando la mirada en un punto que trasladándola de un lado a otro. Esa sería la lección de síntesis. Con tres cuerdas o cuatro, se debería disponer de material suficiente para una novela de misterio.

Hace buen día, hoy. El sol inunda el patio. Las cuerdas de mis vecinos lucen alborotadas, llenas de planes. Es demasiada ropa para desnudar sus vidas.

Mis cuerdas no se ven.

 

Andrés Neuman


CON NOMBRE PROPIO: ISTVAN ORKENY

 



EL CONDUCTOR


József Pereszlényi, desplazador de materiales, se detuvo con su coche Wartburg, matrícula número CO 75-14, junto al Kiosco de periódicos de la esquina.
--Deme un Noticias de Budapest.
--Lamentablemente se agotó.
--Deme uno de ayer, entonces.
--También se acabó. Pero, casualmente, tengo ya uno de mañana.
--¿También ahí aparece la cartelera de cine?
--Eso sale todos los días.
--Entonces deme ese de mañana -dijo el movilizador de materiales.
Se volvió a sentar en su coche y buscó la programación de los cines. Después de un rato encontró una película checoslovaca -Los amores de una rubia- de la que había oído hablar elogiosamente. La proyectaban en el cine “Cueva Azul” de la calle Stácio, a partir de las cinco y media.
Justo a tiempo. Todavía faltaba un poco. Siguió hojeando el diario del día siguiente. Le llamó la atención una noticia acerca del desplazador de materiales József Pereszlényi quien, con su coche Wartburg matrícula CO 75-14 se desplazaba con una velocidad mayor a la permitida por la calle Stácio, y no lejos del cine “Cueva Azul” chocó de frente con un camión. El descuidado conductor murió en el acto.
¡Quién lo diría!, pensó Pereszlényi.
Miró su reloj. Ya pronto serían las cinco y media. Guardó el periódico en el bolsillo, se puso en marcha a una velocidad mayor de la permitida y chocó con un camión en la calle Stácio, no lejor del cine “Cueva Azul”.
Murió en el acto, con el periódico del día siguiente en el bolsillo.


CON NOMBRE PROPIO: MIGUEL HERNANDEZ


 Por el cinco de enero,

cada enero ponía

mi calzado cabrero

a la ventana fría.

   Y encontraban los días,

que derriban las puertas,

mis abarcas vacías,

mis abarcas desiertas.

    Nunca tuve zapatos,

ni trajes, ni palabras:

siempre tuve regatos,

siempre penas y cabras.

    Me vistió la pobreza,

me lamió el cuerpo el río,

y del pie a la cabeza

pasto fui del rocío.

   Por el cinco de enero,

para el seis, yo quería

que fuera el mundo entero

una juguetería.

   Y al andar la alborada

removiendo las huertas,

mis abarcas sin nada,

mis abarcas desiertas.

   Ningún rey coronado

tuvo pie, tuvo gana

para ver el calzado

de mi pobre ventana.

   Toda gente de trono,

toda gente de botas

se rió con encono

de mis abarcas rotas.

   Rabié de llanto, hasta

cubrir de sal mi piel,

por un mundo de pasta

y unos hombres de miel.

   Por el cinco de enero,

de la majada mía

mi calzado cabrero

a la escarcha salía.

   Y hacia el seis, mis miradas

hallaban en sus puertas

mis abarcas heladas,

mis abarcas desiertas.







FELIZ NAVITAF


DESDE TAF, DESEAMOS QUE VIVAIS ESTAS FIESTAS CON ILUSIÓN Y LA ALEGRÍA INFANTIL, RETOMANDO ESA CAPACIDAD PARA DISFRUTAR DE TODO CON MIRADA INOCENTE Y SABOREANDO EL MOMENTO. 
Y QUE ESTOS DÍAS DEJEIS VOLAR VUESTRA IMAGINACIÓN,  QUE FLOREZCA LA CREACIÓN, EL ARTE Y LA LITERATURA CONTANDO HISTORIAS.
Y QUE EL PRÓXIMO AÑO SEA MEJOR QUE ESTE Y SURGAN CUENTOS NUEVOS Y  VIVAMOS MOMENTOS INOLVIDABLES.

Feliz Año Nuevo

TAF SE MUEVE: PARQUE DEL RETIRO


 En una mañana fresca, pero radiante de sol, nos citamos en el Parque del Retiro para ver la exposición de Casa de Vacas.


La exposición “Bandoleros y su entorno”, del pintor Daniel de Campos, muestra el bandolerismo como fenómeno que prosperó en la Serranía de Ronda y en otras geografías a finales del siglo XVIII y principios del XIX, sobre todo durante la invasión napoleónica y la Guerra de la Independencia.


En el total de las 51 obras que se exponen están representadas todas las etapas de la pintura, desde el realismo hasta el arte abstracto. Cada obra cuenta una historia, donde predominan los finales trágicos y donde el color es el protagonista.

El autor explica que “cada composición está perfectamente documentada. Las armas, las ropas, los enseres, o las localizaciones llevan un meticuloso estudio histórico y etnográfico de varios años”. Un suave expresionismo corona las múltiples figuras y paisajes de estos grandes cuadros.

 A veces el paisaje se rompe con método y se desfigura sin llegar nunca a la abstracción.

Los bandidos serranos se podían considerar modernos caballeros andantes, como nuestro José María el Tempranillo, el bandido de las breñas andaluzas. También a Luis Candelas, el estafador lleno de salero madrileño, que terminó su vida en la horca,  a pesar de las simpatías cosechadas. 

El bandolero Diego Corrientes fue otro héroe popular de finales del siglo XVIII, el inicio mismo del romanticismo, y protagonizó las hermosas zarzuelas de José María Gutiérrez de Alba y de Enrique Zumel, o la novela por entregas de Manuel Fernández González.  Los cuadros sobre nuestra Guerra de la Independencia han dotado a Daniel de Campos de un conocimiento sobre la época casi insuperable. 


La muerte o su cercanía están presentes en todas estas impresionantes pinturas. La muerte, novia del legionario y del revolucionario, lo es también del bandolero. Mujeres desconsoladas, con pistolón al cinto, se inclinan llorando para abrazar los cuerpos sin vida de sus aventureros amantes.


Y con esto dimos por finalizada la visita.

Menos dramática y más amable es el montaje que en la terraza están preparando para deleite de los más pequeños en este periodo vacacional navideño. Con imágenes de cuento, muy apetecibles.

Y sin prisa, disfrutando del sol, y sufriendo el viento caminamos deleitándonos con imágenes otoñales aún hasta la Montaña de los Gatos para ver una exposición que muestra el belén monumental siciliano de la colección Basanta-Martín, una de las más prestigiosas del mundo en este ámbito.


El montaje realizado por el toledano José Luis Mayo Lebrija, uno de los belenistas más reconocidos del mundo, está formado por más de 160 figuras con alturas comprendidas entre 18 y 30 centímetros, instaladas sobre una plataforma circular de 40 metros cuadrados diseñada para ofrecer una visión completa del conjunto y garantizar la conservación de las piezas. 

Se completa el recorrido con 12 vitrinas perimetrales que muestran una selección de figuras y grupos escultóricos procedentes de otros belenes italianos, elaborados en diferentes materiales como barro, madera, vidrio, cerámica o porcelana.  Permite apreciar la diversidad de materiales y estilos que caracterizan el arte del pesebre en Italia, donde esta tradición nació en 1223, impulsada por San Francisco de Asís y traído a España por Carlos III, hasta ese momento  rey de Nápoles y Sicilia.

Finalizada la visita al Retiro, justo enfrente encontramos una terrada para hacer un alto y tomar un estupendo aperitivo en la "Casa de Fieras": delicias de pollo, ensaladilla, aceitunas y patatas fritas regadas con el inevitable vermú.

El restaurante para ir a comer no estaba lejos, suficiente para bajar un poco el piscolabis y enfrentarnos a ensaladas, pasta y pizzas.

Ya solo quedaba rematar y relajarnos con un rico capuchino en la plaza de Dalí. 

Y hacer la tertulia, leer los trabajos, concretar propuestas y fechas y dar por terminada la salida cultural. 

¡Ah! Por supuesto desearnos lo mejor en estas fiestas navideñas y despedirnos hasta el próximo año.

TAF SE MUEVE: SERRERÍA BELGA

 

La mañana, con vocación invernal, no nos impidió quedar para cumplir con la salida cultural del mes de Noviembre, para visitar las exposiciones de la Serrería Belga. 


La muestra Los cafés literarios de Madrid. El Café de Pombo propone un viaje a la edad dorada de estos establecimientos que, desde el siglo XVIII al XX, se convirtieron en auténticos foros de pensamiento, creación y sociabilidad, y conecta con la esencia del Espacio Cultural Serrería Belga, dedicado a explorar el legado literario y artístico de la capital.


La muestra contempla un recorrido por la historia de estos establecimientos en Madrid, desde los antiguos mentideros populares como el Mentidero de la Villa (en las gradas de San Felipe el Real, junto a la Puerta del Sol, el más concurrido Y bullicioso, donde se discutía, comentaba y se difundían noticias y acontecimientos.

Esos mentideros fueron el germen de la consolidación de espacios icónicos como La Fontana de Oro, el Café del Príncipe, el Café de la Montaña o el Café de Pombo. 

El café de La Montaña uno de los más emblemáticos de finales del XIX, era conocido como "el café de las pulmonías", debido a las corrientes de aire que en invierno entraban por sus muchas puertas.

Esos cafés se convirtieron en verdaderos escenarios culturales. Espacios que acogieron tertulias memorables por las que pasaron escritores como Benito Pérez Galdós, Ramón María del Valle-Inclán, Pío Baroja o Manuel Machado, entre muchos otros. Y es que el café ha sido desde siempre un excusa para reunirse, un catalizador de pensamientos y sociabilidad. 

El Café de Pombo fue uno de los más emblemáticos de la ciudad y en el que el escritor Ramón Gómez de la Serna impulsó su célebre tertulia llamada “La sagrada cripta de Pombo”. 


Las piezas reunidas -actas, dibujos, recortes, fotografías, objetos de época y un proyecto fotográfico contemporáneo, incluyen, de forma inédita, las actas de las tertulias que tuvieron lugar en este local en 1944 y 1949.  


La exposición también reproduce un fragmento de la novela gráfica Los caballeros de la Orden de Toledo, de Javierre y Juanfran Cabrera, en el que Miguel de Unamuno dialoga con los tertulianos del Café de Pombo, en un guiño al mundo literario de la época.

La célebre tertulia  “La sagrada cripta de Pombo” presidida por De la Serna se recrea en Serrería Belga, arrojando una nueva luz sobre el ciclo de vida del Café de Pombo y su legado como un refugio para la libertad y la memoria.


Y con esto dimos por terminada la visita de los cafés, para pasar a la siguiente, no menos interesante.


La exposición Mil y un Quijotes. De El Paular al Castillo de Peralada reúne por primera vez en Serrería Belga más de 300 piezas de gran valor artístico, algunas de ellas inéditas, entre las que se incluyen obras bibliográficas como primeras ediciones del siglo XVII.


 Esta muestra presenta las ediciones más relevantes de Don Quijote de la Mancha que integran los fondos museísticos del Castillo de Peralada. Esta propiedad cuenta con una de las colecciones cervantinas más sobresalientes a nivel mundial constituida por cerca de 5.000 ediciones, de las que destacan los más de 1.000 ejemplares del Quijote.


En la exposición se incluye un apartado con iconografía quijotesca muy diversa: cromos, ex libris, cartas, tarjetas postales, aleluyas, pinturas, dibujos y grabados, entre otros. 


Entre las ediciones del siglo XX, sobresalen un ejemplar de corcho de la casa Viader impreso en 1905; una edición japonesa de 1936 con ilustraciones de Serizawa Keisuke en la que los personajes aparecen como samuráis; o una edición parisina de 1957 con 12 litografías originales de Salvador Dalí.


Pues una vez terminada la parte cultural quedaba, como siempre, la más prosaica, pero no menos grata: el aperitivo.


 Aprovechando que el sol atemperaba un tanto el frío, tomamos el vermú en la terraza del Sanabria. 


Don Santiago Ramón y Cajal nos dio la bienvenida al Colegio de Médicos, donde íbamos a comer en su restaurante, "La neurona de Cajal."

Comimos, y aprovechando que el lugar resultaba agradable y tranquilo, decidimos tomar el café y hacer allí mismo la tertulia.  


Y con eso, colorín colorado, esto se ha terminado. Hasta la próxima, en la que esperamos reunirnos todo el grupo; en esta ocasión, por diverso motivos, hubo algunas ausencias y echando de menos a esas compañeras.











DESDE DENTRO DE TAF: MARI CARMEN BARANDA

                                                  TERRORISTA NOVATA



Habían traspasado las nubes y un sol luminoso bañaba el avión. Era un Airbus 545, en el que viajaban varios políticos.

También volaban una muchacha llamada Ana y Paul, su novio, un antiguo piloto.

Él se levantó y cogió su mochila, la abrió y sacó dos armas, una para cada uno.

La chica disparó tan rápido como pudo a todos, incluido su novio.

Paul murió con una bala atravesando su pecho.

Sólo Ana vivía. Y no sabía pilotar un avión.


Mari Carmen Baranda