DESDE DENTRO DE TAF: CARMEN BARANDA


 

ESPERA INÚTIL

 

Suspiró profundamente y recogió uno de los cubiertos de la mesa. Después de esperar durante una hora tuvo que reconocer que hoy tampoco vendría su hijo a comer con él.

No se acuerda de mí, se dijo, mientras se limpiaba las lágrimas de los ojos.

Los sollozos se repetían todos los días, hasta que Malena, la mujer que le cuidaba, salía de la cocina y se acercaba a él para consolarlo.

—¿Otra vez llorando? Usted no ha tenido hijos, don José, se lo digo todos los días. Venga, le voy a servir la comida, que yo tengo que marcharme ya.

 

© Carmen Baranda

 

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