Superado el parón vacacional, nos citamos en la calle Don Ramón de la Cruz 93, en la librería Celama.
La librería, preciosa, regentada por una joven y su madre, nos orientó y dio toda clase de consejos y comentarios sobre libros.
Aunque no fue fácil la elección entre tantos títulos tan sugestivos, finalmente compramos uno, que posteriormente, se rifaría entre todos los compañeros.
Y con nuestras compras a cuestas nos despedimos de la librería y sus dueñas con intención de regresar más veces.
En un bar cercano, y mientras tomábamos una caña, planeamos los trabajos para las próximas tertulias y fijamos fechas para las reuniones. También se sorteó el libro y la suerte recayó en Cruz.
Y con esto nos despedimos.






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