"PASEN Y VEAN"

   
     Muchos son los atractivos de nuestra centenaria Gran Vía madrileña, pero anoche descubrí uno más: el espíritu del Rey del Pop se ha adueñado del número 57, en el Teatro Lope de Vega.

     Es sorprendente la producción del gran espectáculo, con 40 artistas en escena: el estupendo coro gospel, excelentes músicos, bailarines y magníficas voces que recrean y se aventuran en un intenso recorrido por todos los éxitos del irrepetible Michal Jackson.

     No sólo se puede disfrutar de un elenco de lujo, el musical se completa con increíbles efectos especiales y la escenificación de los mejores videos del genial artista, que acercan al espectador al alma, el espíritu y la voz de Michael en el escenario.

     Forever King of Pop entusiasmará a los incondicionales, gustará a quienes amen la música pop en general y, estoy segura, no dejará indiferente a nadie que se acerque a saborear la magia, el ritmo y la intensidad de este gran homenaje al Rey del Pop.

"TAF SE MUEVE"

VISITA CULTURAL A LA CIUDAD DE ALCALÁ DE HENARES


El miércoles 21, el tren nos dejó en Alcalá de Henares a la hora prevista. Theo Acedo, nuestro cicerone, inició el recorrido partiendo desde la estación y haciendo el primer alto en el Palacete de Laredo,  sede actual del Centro de Estudios Cisnerianos, una bella construcción de estilo neomudéjar engalanada de arabesco, construido en 1882. Seguimos callejeando, escuchando las explicaciones de Theo sobre cúpulas, edificios y jardincillos, refiriéndonos la historia de sus prestigiosos moradores y arquitectos; también anécdotas como la del Teatro Salón Cervantes, del siglo XIX, que se construyó en un mes.









O la de la calle de la Imagen con su Convento de Clausura y, aledaña, la casa en la que nació Azaña.

Rebasado el Arco de Burgos, llegamos hasta el Palacio Arzobispal.





























De allí a la Catedral Magistral.







Un placer pasear por la calle Mayor, que guarda en sus soportales el sabor a pueblo.








Hicimos un alto para ver el Hospital Benéfico de la Misericordia, conocido por "El Hospitalillo", la Plaza y el templete de música, el más bonito del mundo, a decir de nuestro anfitrión.














El broche de oro de la mañana lo puso la visita a la Universidad, donde escuchamos su historia y nos explicaron con todo detalle la magnífica fachada renacentista.




Conocimos datos de su contrucción y algunas anecdotas de la vida estudiantil, mientras disfrutabamos recorriendo sus patios y el paraninfo donde nos permitimos la licencia de soñar y, en previsión del quimérico premio Cervantino, nos hicimos una foto. ¡Quién sabe!


Antes de seguir camino, para dar un descanso a nuestros fatigados cuerpos, ahítos de cultura y de belleza, tomamos un aperitivo con exquisita tapa incluida, que nos hizo recobrar las ganas de recorrer el trecho que nos separaba de la Plaza de los Niños Mártires, Justo y Pastor, y en un restaurante con vocación de café literario, repusimos fuerzas. Con el café, tras el postre, celebramos la tertulia semanal.




Eran las seis cuando levantamos la sesión y continuamos recorriendo la ciudad, bajo un cielo que amenazaba con pasar por agua nuestra excursión, observando fachadas, visitando varias universidades, plazas y edificios, recorriendo los escondidos Jardines de Jovellanos. Antes de iniciar el regreso a Madrid, visitamos la Puerta del mismo nombre, de estilo neoclásico, parada sin la que nuestro recorrido no habría sido completo, y atravesamos el parque, camino de la estación.



En resumen: una visita maravillosa comandada e ilustrada por nuestro compañero Theo; los turistas pasan por las cosas con mirada inestable, pero gracias a él, nosotros volvimos bien versados. Y todo salió perfectamente, hasta el día acompañó y el sol brilló para hacer aún más hermosa y acogedora la muy insigne cuidad de Alcalá de Henares.



PASEN Y LEAN

Con estos cuentos se estrena en el blog de TAF nuestro compañero Iñaki Ferreras, del que podrán leer otros relatos en su perfil.


“PENÉLOPE  PATÁN”




1.- La pequeña Penélope rugió de pena cuando unos hombres con batas blancas entraron por la puerta de su casa con un chaleco de fuerza. Miró con ojos de olla a su padre, que permanecía impasible ante la avalancha de los extraños, que se dirigieron veloces hacia el cuarto de mamá. La madre estaba tendida en la cama, las comisuras de los labios llenas de baba blanca y espumosa, los ojos rojos y el semblante todo él desencajado. Penélope les siguió, les agarró, forcejeó pero ellos la empujaron y la niña cayó de golpe al suelo, inconsciente. El padre la recogió y la tumbó en el sofá. Se cerró la puerta secamente. No hubo gritos ni lamentos. No hubo lágrimas en los ojos. Tan sólo una estela de tristeza en el ambiente, motivada por el fugaz paso de los loqueros.

 

2.- Penélope sacó el bocadillo del pupitre. Estaba apachurrado, como un muñón de hojas usadas de periódico. Varias carcajadas le retumbaron en la espalda. Dos renacuajos con cara de mala leche mostraban la complicidad en sus sonrisas. Ella se dio cuenta de que eran los culpables, pero calló y salió sola al patio del colegio. En el recreo las niñas de su clase formaban grupos que saltaban a la comba y se turnaban para lanzarse tobogán abajo. Ella se puso a la cola. Le llegó el turno. Subió por la escalera. Sintió que sus manos asidas a la barandilla la traicionaban. Resbaló y cayó a tierra ante la risa de todas. Los mofletes se le pusieron rojos de vergüenza. “Patosa, patosa, eres una patosa”, le gritaron varias nenas insolentes, al ritmo de saltitos de gorrión. Penélope, respiró, hinchó el pecho y tomó orgullo como pudo para volverlo a intentar. Subió la escalera de nuevo saltándose la cola, pero esta vez, la gorda de clase la pegó un empujón que le hizo caer de nuevo. Tardó varios minutos en abrir los ojos. Su cabeza lucía un gran chichón. Sus manos, líneas de sangre. La miró con odio. Se levantó y quiso enfrentarse con ella, pero el volumen de la pequeña foca era una justificación lo suficientemente importante como para que lo pensara dos veces. Penélope corrió hacia el edificio. Y pasó medio mareada delante de Marina, su mejor amiga. Ésta la paró. “¿Qué te ha ocurrido?”, le preguntó. Penélope le indicó el bulto en el cráneo y acto seguido, Marina le mostró un gran moratón negro en el culo. “¿Qué te ha ocurrido a tí?”, inquirió Penélope. “Ha vuelto a ser mi padre”, le respondió con la mirada seca.

 

3.- La espera en la sala gris se hizo eterna. Penélope tenía un nudo en la garganta y una gran bola en el estómago. Su padre la intentaba sujetar con la mano pero ella se negaba. Una enfermera les indicó por fin el camino. Por el pasillo la niña comenzó a sudar y su padre la regañó. Ella temblaba. Al llegar a la habitación, quedó parada enfrente de la madre, tumbada en una cama con sábanas vírgenes. Quiso hablar, pero no pudo. El nudo en la laringe era más fuerte cada vez. El padre despidió a la enfermera y de un golpe cerró la puerta. La madre le miró asustada. Penélope entró a la fuerza y se hizo pis aunque no pidió permiso para ir al wáter. Se hizo un silencio sepulcral. De repente, la niña corrió hacia su madre y la abrazó con fuerza. Él se sentó en una banqueta y comenzó a contarle las incidencias de la semana, pero la madre no le prestaba atención, tan sólo sentía el latir acelerado del corazón de su hija pegada a su cuerpo como una lapa. Penélope rompió a llorar. “¡Ya basta!”, gritó el padre, pero la niña no podía reprimir su llanto. Entonces, él se levantó y la arrastró hacia la silla, a la fuerza. La madre les miró y lanzó un grito aterrador. Fue cuando la enfermera, alertada, acudió y les indicó que debían dejar la estancia para que la enferma descansara. Del techo cayeron dos trozos de yeso cuando se cerró la puerta. La madre se quedó inerte de nuevo, mirando a la nada, respirando profundamente, la cara pidiendo auxilio sin poder pedirlo, el corazón destrozado, el alma helada.

 

4.- Marina insistió varias veces al teléfono. A la quinta, sonó la voz del padre de Penélope. “¡Deja en paz a mi hija, niña de mierda!”, la espetó en tono grosero. Y colgó secamente. Marina sabía lo que ocurría. El padre de su amiga había vuelto a beber. Ese tono le era de sobra familiar cuando llamaba para hablar con ella y el hombre la contestaba de malas formas. Estaba acostumbrada. Y tenía miedo de que le pasase algo a Penélope. Entonces, arriesgada a que el padre le diese una bofetada en cuanto la viera aparecer, decidió irla a buscar para pasar la tarde juntas. Era sábado, sus padres habían tenido una discusión regada de alcohol y Marina no lo podía soportar más. Necesitaba respirar aire fresco, mirar otros horizontes. Esta vez se salvó por los pelos de la paliza de su padre y, a pesar de todo, estaba feliz por ello. Saltó por la ventana al jardín y corrió calle abajo. Al llegar, oyó los gritos ahogados de Penélope. El padre la estaba propinando una buena zurra. Pensó en llamar a la Policía, como hizo otras veces y no le habían prestado ayuda. Así que decidió desviar la atención del padre para que su amiga pudiera escapar. Cogió valor y llamó a la puerta. Apareció el padre rojo de ira y de vino. “Vengo a decirle que pasaba por el parque y ví que de su cocina sale mucho humo. Solamente eso”, le dijo con su mejor cara dramática. El hombre dejó oir una carcajada sonora, se dio media vuelta y cerró la puerta. Marina comenzó a llamar a Penélope a gritos y ésta acudió a sus voces. Las dos niñas se agarraron de las manos como dos siamesas y escaparon hacia el bosque cercano. Penélope se había vuelto a mear las bragas y presentaba un aspecto deplorable. Su cara estaba llena de moratones y el trajecito,  regalo  de su madre para la Primera Comunión, había sufrido varios sietes fruto del forcejeo con su padre. Cuando llegaron al claro del pequeño bosque, las dos se abrazaron y comenzaron a llorar. Se metieron en la caseta junto al árbol y se acostaron acurrucadas en el haz de paja. Era su lugar preferido, su escondite secreto, su paño de lágrimas después de las palizas a una u otra. Era su paraíso, el mundo imaginario, el aliento de vida frente al infierno diario de sus vidas. El sol se puso y se despertaron a tiempo para la cena. Ninguna sabía lo que les esperaría esa noche de vuelta a casa. En sus mentes asustadas sólo había incertidumbre y mucho miedo.

 

5.- “Mamá está loca por culpa de papá”, le dijo Penélope a la profesora cuando terminó la clase. La maestra conocía a su familia desde años atrás y sabía del problema de su padre con el alcohol. Varias veces intentó, junto a la madre, llevarlo a un centro de Alcohólicos Anónimos, pero el hombre era demasiado violento. Entonces, decidió denunciarlo por malos tratos a su mujer y a su hija, pero el juez había dictaminado que faltaban pruebas de violencia, y le absolvió. A partir de entonces, la relación del matrimonió se deterioró aún más y se hizo insoportablemente insostenible. La madre de Penélope cayó en una depresión profunda y decidió no volver a hablar ni comer nunca más. La tuvieron que ingresar en un psiquiátrico, donde vivía a base de suero y calmantes.



“¿Por qué no denuncias de nuevo a papá para que le quiten mi custodia?”, le propuso Penélope a la profesora. Pero hacían falta pruebas contundentes porque estaba claro que la Justicia no funcionaba como debiera en esa ciudad. No bastaban unos cuantos moratones, que el magistrado había atribuido a una posible caída de la niña. Aunque si la situación llegaba más lejos, su vida podía correr peligro. Y lo corrió porque, un lluvioso día primavera, llegó su padre hecho una furia, con los ojos desorbitados, mientras ella comía un pedazo de tarta de chocolate, y la secuestró en volandas. Los gritos de Penélope no fueron oídos por nadie pues era la madrugada. Y tampoco nadie nunca más volvió a saber ni del padre ni de la pobre pequeña.


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“LA NIÑA DE LOS DESEOS”



- Mamá, yo quiero ver más canales...
Y su mamá le instaló ella misma en el tejado una parabólica, olvidando quitarse los zapatos de tacón, con lo que resbaló al pisar una paloma muerta, se rompió el zapato y cayó como un rodillo muerta al suelo.


- Papá, yo quiero independizarme...
Y su papá le compró un pisito de soltera, en el centro de la ciudad, que se quemó con él dentro, cuando, en un despiste, intentó reparar la bombona de butano y, de improviso, se produjo un escape de gas con el fuego puesto para calentar la comida.


- Hermano Juan, yo quiero presentarte a mi novio...
Y su hermano fue invitado por la niña ya adolescente a un restaurante chic para que lo conociera y él se atragantó con una astilla de pollo, que le produjo asfixia in extremis.


- Hermano Pedro, quiero invitarte a mi boda...
Y su hermano Pedro acudió a su boda con el mejor smoking de gala alquilado para la ocasión y un regalo de 1.000 euros para la pareja, que le fue robado por una banda de rumanos que esperaban a la comitiva en la puerta del restaurante y que le acuchillaron hasta las cejas porque forcejeó demasiado.


- Querido marido, tengo un antojo sideral
Y su maridito fue a por un helado de fresa fosforescente, cruzando el semáforo en rojo sin darse cuenta y siendo atropellado por un camión de basura, que, a esas horas del mediodía, casualmente pasaba por allí.


- Hijo mío, quiero que bajes a por una barra de pan integral
Y su hijo niño salió corriendo en dirección a la panadería a comprar el pan más fresco para su mamá, con tanta hambre que, en el camino de vuelta, comió un trozo tan caliente que le produjo un empacho por la fermentación y le mandó directo al cementerio.


Paca, ¿me puedes dejar un poco de perejil..?
Y su vecina Paca abrió la puerta con un ramillete de frescas hojas de perejil asturiano, cuando un gato negro, asustado por un mastín, bajo desaforadamente las escaleras y se lanzó sobre ella, produciéndole una caída mortal en la nuca contra el marco de la puerta.


- Ahora mismo, me comería una pizza
Y llamó a Telepizza y un ecuatoriano de 1,40 metros de estatura apareció vestido como el Chapulín Colorado con una gran caja con tan mala suerte que fue mordido por el doberman de la vecina de enfrente que había dejado la puerta entreabierta y que tenía la rabia, mandándole urgentemente a Urgencias y de ahí, al ataúd.


- Tengo que evacuar
Y se fue al water. Se limpió con papel de Todo a 100, lo cual le irritó los contornos anales, se subió las bragas y se lavó las manos con Pachuli. Luego, fue hacia la cocina y se tragó un cuchillo de sierra como aperitivo, antes de la comida. Ya no sabía qué más hacer. Ya lo había hecho todo. Lo había hecho todo y se lo había hecho a todos. La inmortalidad de Malicia, La Zombie, la corroía de aburrimiento




Iñaki Ferreras







VERSO A VERSO

Como este espacio parece que está teniendo muy buena acogida entre nuestros lectores, vamos a dedicarle también la siguiente entrada, con un poema que gentilmente nos ha enviado Marcos Callau Vicente.
* Ponemos al final del mismo su blogs para que podáis conocerle mejor a través de sus trabajos.


LAS EDADES DEL VIENTO                          


“Este Café de abriles empañados
disfrazados de otoño y desamor
brinda el dolor de besos olvidados
de aquél viento empapado de verdor.


Amarilleó y ardió en verano
como en tus labios mis esperanzas
y se convirtió en rojo viento insano
rastrojo de opacas adivinanzas.


En otoño estallamos en quebranto
llanto de hoja arrastrada y extraviada
malograda y disecada en tu llanto
manto marrón sobre tierra quemada


Y entonces sopló el viento que fue blanco
nieve abrasiva que nos congeló
atravesando de uno al otro flanco
aquél amor que en tu boca rondó
que dejó un sabor amargo estanco


Pero hoy suena la nueva melodía
de una flor que se abre y que no pierde
el tiempo en mirar a tierra baldía.
Hoy este viento vuelve a soplar verde
para convertir tu noche en mi día.”



                        Marcos Callau Vicente
             (http://lamusicadelaluna.blogspot.com)











"VERSO A VERSO"

      Ahora que además de ser primavera empieza a parecerlo, hemos visto los miles de tulipanes que acaban de abrirse en Madrid salpicando de color nuestra ciudad, llenando de alegría los parterres de las plazas y jardines, vistiendo de primavera nuestras calles y avenidas. Por eso, pensando que ésta es la estación del año que a todos nos inspira, en la que empezamos a disfrutar de los días largos, que nos ayudar a sacudirnos el tedio del invierno, es un buen momento para ver de nuevo florecer la poesía.



      En TAF últimamente la teníamos un poco olvidada, siendo este el motivo por el que hemos pensado en abrir este nuevo espacio para ella, así nace “VERSO A VERSO”, con vocación no solo de entretener, sino de mover las emociones de nuestros lectores, de mostrar la belleza y la musicalidad de las palabras bien combinadas.



      Por supuesto, es un espacio abierto que os invitamos a llenar con los poemas que nos enviéis o sugiráis, que al igual que vuestros relatos pueden ser publicados en este blogs.



     Para abrir esta sección hemos elegido un poema que lleva el nombre de este mes, escrito por la poetisa uruguaya Juana de Ibarbourú.
ABRIL

Abril dorado y maduro.
abril de mi amor feliz,
¡Cómo me gusta tu aire,
tu sol y tu luna, Abril!


En la vigilia y el sueño
tu cielo, torre y azar,
con la cara que más quiero
es mi esperanza tenaz.

Abril sin las golondrinas
de octubre, sin el rosal
de diciembre, y sin la pona
que el rojo enero me da.

Abril, que entorna la puerta
ruidosa del colmenar.
Abril sin corderos nuevos,
uvas, lilas, ni azahar;


Manso abril desposeído.
que nada tienes que dar
¡Cómo me gustas por eso,
abril de ligero andar!



¡Cómo me gustas por claro,
por bueno para soñar,
con tu silencio en mi playa
y tu dulzura en mi mar!

CON NOMBRE PROPIO

REPROCHES

Ino Romero – Feb 2010

     Carlos abrió el paraguas al salir a la calle y se enfrentó a un cielo plomizo que cerraba el paso a cualquier atisbo de luz solar; marco singular para una mañana gris como el pavimento resbaladizo, mezcla de lluvia y suciedad.

     Marta había lanzado su propuesta, como una granada de mano sin anilla, en medio de la habitación, y él la rechazó de plano sin considerar lo importante que era para ella. Más tarde se sintió responsable del intercambio de reproches que se habían cruzado, cada vez más afilados y dolorosos, que flotaron ingrávidos e invisibles entre las cuatro paredes de la habitación.

     Carlos cedió el paso en la estrecha acera a una anciana de andar renqueante y pensó en la inutilidad de tanto correr para, al final, quedar varados como una barca con vía de agua. También reflexionó sobre el daño que nos hacemos a veces por hablar irreflexivamente, él acababa de hacerlo.

     Marta tenía puesto su camisón preferido, el azul, y sus brazos desnudos caían a lo largo del cuerpo, vencida antes de luchar. Esa actitud de abatimiento causó en Carlos más enojo que sus palabras, por muy cortantes que le parecieran, y provocó la primera chispa.

     Caminaba sorteando los paraguas de otros viandantes y pensó en llamar desde alguna cabina para pedirle perdón; sin embargo, desistió ante el temor de que ella pudiera colgar el teléfono. Un gesto así sumaría más piedras a la muralla que ambos empezaron a construir hacía más de treinta minutos.

     ¿Ayudan unas horas de ausencia y unos kilómetros de separación a curar las heridas que dejan los reproches o acaso las empeoran y las cierran en falso? - se preguntó Carlos. Él no lo sabía y tuvo miedo. Plegó el paraguas y corrió hacia su casa sin preocuparse de la lluvia y sin sortear los charcos.

     Al entrar en su portal un tímido rayo de sol acaricio su espalda mojada.